En un día habitual, en un amanecer donde los colores son solo parte del arte de Dios en el cielo, la luna se esconde para dar lugar a la luz del sol. Siempre escuchamos al gallo cantar y sabemos que llegó la hora de despertarnos, de que un nuevo amanecer llegó.
Pero, ¿qué pasaría si cada vez que escuchara el canto del gallo solo recordara aquel momento en el que negó a Jesús?
Todos conocemos la historia de Pedro, Simón antes de comenzar a seguir a Jesús.
«Simón Pedro le dijo: Señor, ¿adónde vas? Jesús respondió: Adonde yo voy, tú no me puedes seguir ahora, pero me seguirás después. Pedro le dijo: Señor, ¿por qué no te puedo seguir ahora mismo? ¡Yo daré mi vida por ti! Jesús le respondió: ¿Tu vida darás por mí? En verdad, en verdad te digo: no cantará el gallo sin que antes me hayas negado tres veces». Juan 13:36-38
Muchas veces, en nuestras vidas, pasamos por diferentes circunstancias que nos hacen dudar del llamado de Dios, que nos hacen dudar de nuestro propósito. Y, así como Pedro, le preguntamos a Jesús:
—¿A dónde vas?
—¿Dónde estás?
—¿Dónde estás, que no veo una solución?
—¿Dónde estás, que el diagnóstico sigue siendo el mismo?
—¿Dónde estás, que mi familia sigue de la misma manera?
—¿Dónde estabas cuando me hirieron?
Hay momentos en los que no entendemos lo que está sucediendo y, de a poco, nos olvidamos de lo que Dios hizo en nosotros. Nos vamos alejando y, cuando menos nos damos cuenta, negamos a Aquel que nos cambió el nombre; Aquel con quien vimos milagros suceder; Aquel con quien vimos la mano de Dios y cómo multiplicó los panes y los peces.
Negamos nuestra fe, dudamos de ella y nos alejamos.
«Al instante un gallo cantó por segunda vez. Entonces Pedro recordó lo que Jesús le había dicho: Antes que el gallo cante dos veces, me negarás tres veces. Y se echó a llorar». Marcos 14:72
El canto del gallo al amanecer representa un despertar.
Cuando Pedro lo escuchó, recordó la advertencia de Jesús y lloró. Eso marcó el inicio de su arrepentimiento y transformación.
Hoy puede buscar y volver a Su llamado. No importa lo que hayas hecho ni cuántas veces hayas negado la fe o al propio Señor Jesús; hoy puede volver a comenzar y seguir la fe sobrenatural.
Porque Aquel que le llamó sigue en el mismo Altar donde lo dejó, esperándolo.
Hoy puede acercarse a la Universal más cercana a su domicilio y buscar a Aquel que le llamó. Y, aunque el gallo vuelva a cantar, pase lo que pase, lo seguirá hasta el fin.
Jesús no solo le cambió el nombre a Pedro, sino que también le dio un llamado y un propósito. Y lo mismo quiere hacer en nuestras vidas, cuando el Espíritu Santo descienda sobre nosotros.
