La Ley Mosaica tiene un total de 163 mandamientos. ¿Cómo obedecerlos todos? No hay manera. Por eso, el Señor Jesús afirmó que los fariseos, los líderes religiosos de aquella época, les ponían una carga pesada a las personas (Mateo 23:4). Pues ellos mismos no lograban cumplir toda la Ley.
En cambio, el Señor Jesús enseñó que Él mismo no vino para anular la Ley, sino para cumplirla (Mateo 5:17). El Hijo de Dios, por medio de Sus enseñanzas, vino a simplificar la Ley para que las personas pudieran obedecerla.
Dos mandamientos: la base de la vida cristiana
En el Nuevo Testamento, el Señor Jesús habla sobre los dos mandamientos que resumen toda la Ley:
“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con todas tus fuerzas, y con toda tu mente; y a tu prójimo como a ti mismo” (Lucas 10:27).
“Amarás a tu prójimo como a ti mismo”
De manera similar, los Diez Mandamientos representan esas dos enseñanzas representadas por el Señor Jesús. Tal como el apóstol Pablo, inspirado por el Espíritu Santo, aclara: “Porque: No adulterarás, no matarás, no hurtarás, no dirás falso testimonio, no codiciarás, y cualquier otro mandamiento, en esta sentencia se resume: Amarás a tu prójimo como a ti mismo” (Romanos 13:9).
El obispo Edir Macedo agrega que “amar al prójimo es respetar sus derechos; es tratarlo con decencia y consideración; es no aprovecharse de las personas ni usarlas para atender sus caprichos. Amar al prójimo es considerar a todos importantes, independientemente de la posición, clase social, cultura, religión o etnia. Amar al prójimo es no discriminar o juzgar a los demás, como si fuera el dueño de la verdad. Quien sigue el consejo de amarse unos a otros sin hacer cualquier distinción, está obedeciendo al Mandamiento del Señor Jesús (Marcos 12:30-31)”.
“Amar al prójimo” incluye a todas las personas
“Pero yo os digo: Amad a vuestros enemigos, bendecid a los que os maldicen, haced bien a los que os aborrecen, y orad por los que os ultrajan y os persiguen para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos…” (Mateo 5:44).
Cuando pensamos en los frutos del Espíritu Santo (Gálatas 5:22), vemos que estos también enfocan en los dos mandamientos principales del Señor Jesús. Lo que usted tiene dentro de sí es transmitido al mundo exterior (1 Tesalonicenses 5:5).