Vivir en el Reino de Dios va mucho más allá de asistir a una iglesia o conocer las enseñanzas de la Biblia. Para quienes realmente desean pertenecer a él, la fe debe reflejarse en las decisiones, los pensamientos y las actitudes del día a día.
Quien pertenece al Reino de Dios cambia su forma de vivir
Quien entra al Reino de Dios debe adaptarse a Sus principios. Esto no significa seguir reglas creadas por una institución o por una persona. Por el contrario, el cambio debe partir de las enseñanzas de la Palabra de Dios.
Cuando entramos al Reino de Dios, tenemos que adaptarnos a la vida allí. El Reino de Dios tiene sus reglas, disciplina, su forma de ser y de vivir, moldeadas no por hombres, sino por los principios de la Palabra. Por eso, la transformación abarca la forma de hablar, actuar y tomar decisiones. Los comportamientos que antes eran normales ahora son cuestionados por la fe.
7 actitudes para quienes desean ser guardados en el Reino de Dios
- Perdonar
«Porque si perdonáis a los hombres sus transgresiones, también vuestro Padre celestial os perdonará a vosotros». — Mateo 6:14
La primera enseñanza es clara: quien desea recibir el perdón de Dios también debe estar dispuesto a perdonar. Por lo tanto, el perdón no depende de los sentimientos ni de la voluntad de hacerlo, sino de la decisión de obedecer la Palabra de Dios.
- Ayunar
«… y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará». — Mateo 6:18
Jesús enseñó que el ayuno no debe usarse para llamar la atención de las personas. La práctica debe ocurrir entre la persona y Dios, sin la necesidad de demostrar a los demás cuán espiritual es.
Además, este principio también se aplica a otras actitudes de fe, como orar, ofrendar, ayudar o participar en las actividades de la iglesia.
- No poner el corazón en los bienes materiales
«… porque donde esté tu tesoro, allí estará también tu corazón». — Mateo 6:21
Jesús no condenó la riqueza ni los logros materiales. La advertencia, sin embargo, radica en permitir que los bienes, los logros o incluso las personas ocupen el lugar que le corresponde a Dios.
- Tener buenos ojos
«… si tu ojo está sano, todo tu cuerpo estará lleno de luz». — Mateo 6:22
Tener buenos ojos significa no interpretar automáticamente a las personas y las situaciones desde el peor punto de vista. De esta manera, es posible evitar juicios precipitados y conclusiones basadas en información incompleta.
Sin embargo, esto no significa ser ingenuo. Es posible tener discernimiento sin alimentar sospechas o pensamientos negativos antes de conocer todos los hechos.
- No confundir la iglesia con el Reino de Dios
Asistir a una iglesia no significa, necesariamente, que la persona esté viviendo de acuerdo con los principios del Reino de Dios.
No todas las personas que están dentro de la iglesia están dentro del Reino de Dios. El Reino de Dios no es la iglesia física, pues esta es una institución. La iglesia espiritual está formada por personas nacidas de Dios.
- No llevar las costumbres del mundo a la vida con Dios
Quien decide vivir en el Reino de Dios debe permitir que sus hábitos sean transformados por la Palabra de Dios. Esto implica actitudes sencillas, pero importantes, como abandonar la mentira, controlar la forma de hablar, evitar las palabras ofensivas y actuar con sinceridad.
- No convertir la fe en una cuestión de apariencia
Este último cuidado tiene que ver con la religiosidad. Una persona puede realizar prácticas espirituales y, aun así, estar más preocupada por las apariencias que por su verdadera relación con Dios.
Por eso, vale la pena reflexionar: ¿para quién estoy haciendo lo que hago en mi vida espiritual?
¿Qué protegen estas actitudes?
Los siete puntos tienen un objetivo en común: guardar el corazón y proteger la fe. Al fin y al cabo, vivir en el Reino de Dios es una decisión diaria. Por eso, estas precauciones ayudan a la persona a mantenerse firme en la fe y fiel a la Palabra hasta el final.
