Dios no promete que todo sea fácil, pero fortalece a quienes deciden luchar por la fe
Tener un espíritu de valentía no significa vivir sin problemas, sino enfrentar los desafíos con la certeza de que Dios nos da fuerzas para vencer.
En el reparto de la Tierra Prometida entre las tribus de Israel, podemos entender que Dios no entrega conquistas ya listas, sino que espera que sus siervos avancen por la fe y enfrenten los obstáculos (Josué 17:14-18).
Dios concede la promesa, pero espera una actitud de fe
Ante la queja de las tribus de Efraín y Manasés, descendientes de José, quienes consideraban pequeña la porción de tierra que habían recibido, Josué no amplió su herencia, al contrario, les indicó que conquistaran el resto del territorio, talando el bosque y venciendo a los enemigos (Josué 17:14-18). Este episodio muestra que muchas personas esperan que Dios elimine todas las dificultades antes de actuar, cuando, en realidad, la fe exige iniciativa.
Dios no obra entregando todo ya listo. Las promesas vienen acompañadas de desafíos, porque es durante la lucha cuando la fe madura. Quien desea crecer debe comprender que, muchas veces, el comienzo será pequeño y difícil. Lo importante no es la situación inicial, sino la disposición a seguir avanzando, incluso cuando los obstáculos parecen más grandes que las propias fuerzas.
Un espíritu fuerte vence incluso antes de que llegue la victoria
La actitud de los descendientes de José se asemeja a la trayectoria de José, quien enfrentó injusticias, traiciones y persecuciones sin permitir que el resentimiento dominara su corazón. David venció a Goliat porque tenía un espíritu dispuesto a confiar en Dios, mientras que los soldados experimentados permanecieron paralizados por el miedo.
El problema no siempre es la falta de capacidad, sino el miedo a dar el primer paso. Quien tiene un espíritu ganador no ignora las dificultades, pero no permite que estas definan su futuro. Mientras que muchos solo ven a los gigantes, la persona de fe ve la oportunidad de dar testimonio del poder de Dios y sigue avanzando, incluso cuando todos dicen que no va a funcionar.
Dios fortalece a quienes deciden luchar
Dios nunca prometió una vida sin luchas, pero garantizó fuerzas para que Sus siervos las enfrenten y las superen. Por eso, en lugar de centrar la atención en los problemas, el cristiano debe fortalecer su confianza en Dios y actuar con valentía.
Quien desarrolla este espíritu deja de estar limitado por el miedo, enfrenta los desafíos con perseverancia y transforma cada lucha en un testimonio de la obra de Dios.
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