La verdadera fe no depende de los sentimientos, la suerte o la religión, sino de la obediencia consciente a la Palabra de Dios.
Él ya ha puesto a disposición de todos Su nombre, Su Espíritu y Su Palabra. Sin embargo, cada persona decide si va a obedecer o si solo seguirá sus propios sentimientos.
Quien centra su mente en la Palabra aprende a actuar con sabiduría. Además, llega a comprender que toda elección tiene consecuencias. Al fin y al cabo, cada persona cosecha lo que siembra.
La cabeza sobre la piedra
Según Génesis 28:10-22, Jacob, durante su huida, utilizó una piedra como almohada y soñó con una escalera que unía la tierra con el cielo, mientras los ángeles subían y bajaban.
En el mensaje, la piedra representa al Señor Jesús y la Palabra de Dios. Por eso, el hecho de que Jacob apoyara la cabeza sobre ella muestra la importancia de la fe racional. No se dejó guiar por el corazón, sino que apoyó su mente en la promesa que había recibido.
El corazón puede engañar, en cambio, la Palabra de Dios ofrece una guía segura. De esta manera, quien piensa, medita y obedece no necesita depender de la suerte, la mala suerte o la opinión de otros.
La obediencia produce buenos frutos
La persona no debe vivir atada a la religión, pues cada uno debe examinar la Biblia y tomar decisiones basadas en lo que Dios ha enseñado.
El mismo principio se aplica al perdón. Cuando una persona perdona, elimina del corazón el dolor y la amargura. De esta manera se beneficia a sí misma y comienza a sembrar algo bueno para el futuro.
Recuerde, la obediencia no cambiará la vida de alguien de manera mágica. Sin embargo, quien practica la Palabra a diario construye un camino sólido y cosecha, en el momento oportuno, los frutos de esa elección.
