Descubra qué hay detrás de una vida marcada por un ciclo de dificultades y cómo cambiar esa historia de una vez por todas
¿Tiene la sensación de que hay una nube oscura sobre su cabeza? No una nube pasajera, sino una densa, siempre lista para descargar nuevas dificultades. Y lo más angustiante es que parece acompañarle dondequiera que vaya.
Cambia de ambiente, busca nuevos caminos, pero los problemas siguen apareciendo. Y, peor aún, se acumulan, dando la impresión de que vive bajo un cielo distinto al de todas las demás personas.
La Biblia muestra que el ser humano tiene libertad para elegir los caminos que desea seguir. Sin embargo, cuando no vive bajo la dirección de Dios, comienza a cosechar las consecuencias de sus decisiones. Eso no sucede de inmediato, sino de manera progresiva.
¿El resultado? Una vida marcada por la repetición de problemas. En Joel 1 leemos que una tragedia golpeó la tierra: una devastación provocada por plagas, seguida de una gran sequía que produjo hambre y pérdidas en toda Jerusalén y en el monte Sión.
“El campo está asolado, la tierra está de duelo, porque el grano está arruinado…”. Joel 1:10
Era una sucesión de problemas que afectaba a todo el pueblo. Pero el mensaje va mucho más allá del relato histórico y alcanza también nuestra realidad. Muchas veces, la vida de una persona también parece una tierra devastada, bajo un cielo cerrado, sin señales de que las cosas vayan a cambiar. Así como en tiempos del profeta Joel, también hoy no existe destrucción sin causa; siempre hay una raíz detrás.
Dios dejó promesas registradas en Su Palabra, y una de las más alentadoras es la garantía de responder a quienes deciden buscarlo. Sin embargo, hay un camino para que eso suceda.
En medio de la destrucción de su vida, Dios hace un llamado: el mismo que le hizo al pueblo de Jerusalén, volver a Él:
“Rasgad vuestro corazón y no vuestros vestidos; volved ahora al Señor vuestro Dios …”. Joel 2:13
Reconozca la causa de esa sucesión de problemas. Deje de culpar a las circunstancias y mire hacia su interior. Arrepiéntase sinceramente, humíllese delante de Dios, confiese sus errores, decida abandonar las actitudes equivocadas y entréguese por completo a Él. Eso es “rasgar el corazón”.
A partir de ese momento, adopte nuevas actitudes. Es necesario actuar de manera diferente, alineando sus decisiones y su conducta con la Palabra de Dios.
Busque al Espíritu Santo. Es Él quien traerá la transformación completa.
“Y sucederá que después de esto, derramaré Mi Espíritu sobre toda carne…”. Joel 2:28
Además, Dios asegura Su presencia constante. Aun en medio de las dificultades, ya no necesita vivir dominado por la desesperación.
“Y sabréis que en medio de Israel estoy Yo, […] nunca jamás será avergonzado Mi pueblo”. Joel 2:27
Esa promesa va más allá de las bendiciones materiales. Habla de una transformación interior.
