Aun conociendo los beneficios, muchas personas descuidan este hábito. Es importante comprender qué hay detrás de este comportamiento
El libro de la mesita de noche ya está acumulando polvo porque no hay tiempo de leerlo. Hay artículos guardados en el celular que quedaron para después y que nunca fueron abiertos. Por no hablar de los libros a medio leer en la estantería, que han terminado formando parte de la decoración. ¿Se identifica con alguna de estas situaciones?
Esto es más común de lo que se podría pensar. La situación puede estar relacionada con la falta de cultura lectora, pero también puede ocultar algo aún más profundo: la resistencia.
Cualquier actividad requiere energía tanto física como mental. Por lo tanto, es natural que los seres humanos busquen conservar recursos y evitar todo aquello que exija esfuerzo. El problema surge cuando la búsqueda del camino más fácil se convierte en un hábito, lo que puede llevar a la complacencia y a que la persona permanezca en su zona de confort.
Leer no es diferente. A pesar de conocer sus beneficios, muchas personas se resisten a este hábito. Entre las principales justificaciones se encuentra la falta de tiempo. Curiosamente, sin embargo, siempre parece haber tiempo para las redes sociales.
Las redes sociales producen en el cerebro lo que llamamos dopamina barata, que son picos de placer fugaces. Los libros, en cambio, ofrecen un proceso activo para la formación del conocimiento. La persona lee, asimila la información, la relaciona con el conocimiento que ya posee y, a partir de estas conexiones, construye nuevos conocimientos. Este proceso requiere esfuerzo cognitivo.
Para adquirir este hábito, se recomienda empezar poco a poco, eligiendo libros sobre temas que despierten su interés. Un libro con cinco o diez páginas por capítulo puede ayudar a desarrollar este hábito que se había perdido.
También es importante dejar el celular a un lado durante el tiempo que dedique a la lectura. Sea consciente de sus decisiones diarias y, poco a poco, este nuevo hábito se integrará a su rutina.
Entre las consecuencias de la resistencia a la lectura se encuentran las dificultades en el crecimiento personal y emocional. La propia Palabra de Dios advierte sobre los efectos de la falta de conocimiento:
“Mi pueblo es destruido por falta de conocimiento…”, Oseas 4:6.
En la práctica, cuando no hay interés en aprender y desarrollarse, una persona puede estancarse en las mismas ideas, no buscar nuevas posibilidades e incluso aceptar ciertas situaciones por desconocimiento de sus derechos. Esto también se aplica a la vida espiritual.
La Palabra de Dios enseña, guía y presenta sus promesas. Pero si alguien la ignora, no comprenderá lo que Dios espera de él ni podrá recibir lo que ha prometido.
Los beneficios de la lectura:
- Enriquece el vocabulario.
- Mejora la comunicación.
- Estimula la creatividad y la imaginación.
- Fortalece la memoria.
- Desarrolla el pensamiento crítico.
- Fomenta la reflexión.
- Amplía los conocimientos.
- Contribuye a los cambios de comportamiento.
¿Se resiste a la lectura? (haga la prueba)
- ( ) Tengo libros que empecé, pero no terminé.
- ( ) Compro o aparto libros para leer, pero termino posponiendo su lectura.
- ( ) Incluso cuando tengo tiempo libre, rara vez elijo leer.
- ( ) Normalmente sustituyo la lectura por las redes sociales o videos cortos.
- ( ) Pierdo el interés después de leer unas pocas páginas.
- ( ) Tengo dificultad para mantener la concentración en textos largos.
- ( ) Prefiero el contenido que es rápido y requiere poca atención.
- ( ) Sólo leo cuando hay una obligación o necesidad.
- ( ) Pasaron meses o años desde la última vez que leí un libro, aunque quiero desarrollar ese hábito.
Si se identifica con alguna de estas situaciones, reflexione sobre qué le ha alejado de los libros y replantéese el lugar que ocupa la lectura en su rutina.
