La comunión con Dios debe estar guiada por la fe y la obediencia a Su Palabra.
La fe en la Palabra de Dios es esencial para mantenerse firme, incluso ante las dificultades, las debilidades y los momentos adversos.
Así como una pareja enfrenta diferencias y necesitan aprender a convivir sin renunciar a la unión ante los primeros problemas, el camino con Dios también exige perseverancia.
¿Qué nos mantiene unidos a Dios?
En la vida espiritual, ese «vínculo» es la fe.
Lo que nos une a Dios, lo que nos une al Espíritu del Altísimo, es la fe. Es la fe en la Palabra de Dios. Esa fe es la que forma nuestro carácter.
Sin embargo, esa fe no puede basarse en emociones, pues los sentimientos cambian según las circunstancias.
La fe no es un sentimiento. La fe tiene que ver con la obediencia.
Por eso, amar a Dios significa obedecer Su Palabra, independientemente de lo que uno siente.
La relación con Dios es un pacto sellado con la Palabra. Por ejemplo, Jacob, hizo un voto con Dios y comprometió su palabra ante Él.
Una decisión que involucra el alma
El hijo pródigo pidió su herencia y se fue a una tierra lejana porque deseaba vivir lejos de la autoridad de su padre y sin tener que rendir cuentas de sus decisiones.
“¿Por qué las personas se alejan? ¿Por qué llega un momento en que deciden abandonar el barco, o la fe, o el matrimonio? ¿Por qué deciden dejar la iglesia?»
Piense, razone y evalúe sus decisiones, ya que estas definen el destino de su propia alma.
