Usted quiere recibir el milagro o conocer a QUIEN hace el milagro
Jesús entró en Jericó y comenzó a atravesar la ciudad, donde vivía un hombre rico llamado Zaqueo, jefe de los que cobraban impuestos para Roma. Éste quería conocer a Jesús, pero no conseguía verlo porque había mucha gente y Zaqueo era pequeño de estatura.” (San Lucas 19:2-3)
Al leer este versículo sacamos algunas conclusiones: la primera es que había mucha gente alrededor de Jesús que quería recibir un milagro, y la segunda es que existía un hombre llamado Zaqueo que deseaba conocer a Jesús pero que no podía porque era pequeño.
Muchas personas hoy en día vienen a la Iglesia sólo para que Dios obre en sus vidas, es decir, esperan recibir la cura de su enfermedad terminal, desean que la familia destruida sea reconstruida, aspiran salir de la miseria, en pocas palabras sólo quieren pedir y pedir cosas (bendiciones) de Dios, pero ninguna de esas personas anhela Conocerlo.
Zaqueo tenía fama y dinero pero su interior estaba vacío, y en el momento en que escuchó de Jesús decidió que quería Conocerlo y saber quién era ese Hombre.
“Por eso corrió adelante y, para alcanzar a verlo, se subió a un árbol cerca de donde Jesús tenía que pasar. Cuando Jesús pasaba por allí, miró hacia arriba y le dijo: —Zaqueo, baja en seguida, porque hoy tengo que quedarme en tu casa.” (San Lucas 19:4) Él no se quedó con las ganas, corrió y terminó subiéndose a un árbol para llamar la atención de Dios porque estaba decido a Conocerlo y saber quién era Él, ¿y usted? ¿qué ha hecho para Conocerlo? ¿ya sé subió a su árbol?
Existen muchas personas que tienen años de años en la Iglesia y se preguntan cuándo recibirán su milagro, en lugar de buscar llamar la atención de Dios. Siguiendo el ejemplo de Zaqueo.
La diferencia que se genera entre los que quieren bendiciones y los que esperan conocer a Dios es abismal, ya que su interés no está basado en Dios sino en las cosas que pueden obtener de Él. Hay personas que vienen a la Iglesia hace muchos años y no ven ningún cambio favorable en sus vidas y eso se debe a que esas personas no han conocido a Dios y se han mantenido haciendo las cosas a su manera; no obedeciendo la Palabra de Dios.
Si usted se mantiene aferrado al pecado no podrá conocer a Dios, ya que la única forma de llamar su atención es mostrando su interés al dejar el pecado de lado.
La condición para que Jesús entre en su vida es el querer saber quién es Él.

