
La Biblia nos relata la historia de una mujer viuda que fue en búsqueda de ayuda al profeta Eliseo pues ya no sabía qué hacer tras la muerte de su marido.
“Y una mujer de las mujeres de los hijos de los profetas clamó a Eliseo, diciendo: Tu siervo, mi marido, ha muerto, y tú sabes que tu siervo temía al SEÑOR; y ha venido el acreedor a tomar a mis dos hijos para esclavos suyos” 2 reyes 4:1-1.
A su vez, Eliseo le responde: “¿Qué puedo hacer por ti? Dime qué tienes en casa. Y ella respondió: Tu sierva no tiene en casa más que una vasija de aceite” 2 reyes 4 :1-2.
En ese momento aquella viuda estaba desesperada, no sabía qué hacer ya que su esposo había fallecido, y como si fuera poco los acreedores se querían llevar a sus dos hijos como esclavos por causa de una deuda, además estaba sin alimentos dentro de su hogar, no tenía pan, ni trigo, ni harina, sólo una vasija de aceite.
El profeta Eliseo le dijo: “Ve, pide vasijas prestadas por todas partes de todos tus vecinos, vasijas vacías; no pidas pocas. Luego entra y cierra la puerta detrás de ti y de tus hijos y echa el aceite en todas estas vasijas, poniendo aparte las que estén llenas. Y ella se fue de su lado, y cerró la puerta tras sí y de sus hijos; y ellos traían las vasijas y ella echaba el aceite. Y sucedió que cuando las vasijas estuvieron llenas, dijo ella a un hijo suyo: Tráeme otra vasija. Y él le dijo: No hay más vasijas. Y cesó el aceite. Entonces ella fue y se lo contó al hombre de Dios. Y él le dijo: Ve, vende el aceite y paga tu deuda, y tú y tus hijos podéis vivir de lo que quede.” (2 reyes 4 :1-3:7).
Primero, su marido muere dejándola en la total miseria, luego, tiene que arreglárselas para lograr pagar la deuda que tenía y así poder salir adelante. Su vida en lugar de mejorar, empeoraba y por eso ella no quería seguir perdiendo a sus seres queridos; en lugar del lamentarse la actitud que tomó fue obedecer al profeta Eliseo para salir de aquella situación.
Innumerables son las personas que cuando están pasando por una situación difícil se desesperan y quedan sin saben qué hacer, en vez de buscar en Dios la solución de sus problemas.
Quizás la miseria, su matrimonio destruido, sus hijos en los vicios o su enfermedad, representan a ese “marido muerto”.
Volviendo al ejemplo de la viuda, a pesar de lo que había sucedido, ella creyó y depositó su confianza en las manos del hombre de Dios, pues Eliseo hacía todo lo que Dios le mandaba.
Hoy en día debemos hacer lo mismo que la viuda, dejar de mirar para los problemas y prestar atención a la Palabra de Dios.
La suerte o la casualidad no podrán hacer nada por usted, el secreto de ese cambio se mantiene en obedecer y sacrificar lo que Dios le pide, puesto que la obediencia hacia Dios es lo que hará que su vida sea transformada.