
Lo que es nacido de la carne, carne es, y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es. No te asombres de que te haya dicho: “Os es necesario nacer de nuevo.” El viento sopla donde quiere, y oyes su sonido, pero no sabes de dónde viene ni adónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu” (Juan 3:6).
Por lo general las personas que frecuentan una iglesia piensan que por el simple hecho de participar de una reunión se convierten en hijos/as de Dios. Se engaña quien piensa de esa manera pues el propio Dios mencionó en Su Santa Palabra en el libro de Juan capitulo 3 versículo 3 dice: “De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios.” Los seres humanos tienen dos naturalezas: la primera naturaleza es terrenal y tiene origen en el primer Adán que ha sido el padre de la humanidad corrupta. La otra naturaleza es celestial y tiene origen en el último Adán (Jesús) que ha sido el Padre de los nuevos nacidos del Espíritu. Estos tienen la Voz del Espíritu de la Fe que los guía.
Muchas son las personas que han sido guiados por los sentimientos y no por la razón por ello llegan a la iglesia en búsqueda de la cura de alguna enfermedad, liberación y prosperidad, sin embargo, no han presentado ningún interés en conocer al Señor Jesús; lo único que buscan es beneficios para su vida, es decir, quieren disfrutar de los beneficios de la vida de una persona cristiana viviendo de la misma manera (sin abandonar su vieja vida).
De nada sirve clamar a Dios pidiendo una vida nueva, si la persona no se arrepiente y entrega su vida en el Altar. ¿Cómo la persona pretende que Dios responda a sus oraciones, si no se arrepiente y continúa viviendo según la carne?
No se trata de remordimiento, sino de una actitud que se toma en relación a la vida pecaminosa que se está viviendo. Si usted abandona sus errores tendrá el derecho de clamar a Dios y de ser respondido. Esté donde estuviere, Él lo oirá. Actuando de esta manera, naturalmente tendrá una comunión con Dios, al punto de poseer todo lo que desee.
No existe salvación sin arrepentimiento sincero. Jesús solo puede salvar a aquel que se encuentra perdido, pues si alguien cree no estarlo, o que no necesita arrepentirse, ¿qué puede hacer Dios por esta persona?