Era un día normal y me dirigía al hospital a recoger a una señora y a su pequeña hija que estaban siendo atendidas allí. La niña se subió al auto y me bajé para ponerle el cinturón de seguridad. La madre tuvo que volver a la recepción para obtener un documento que había olvidado. Cuando regresó al auto, yo me había desmayado.
La madre de la niña pidió ayuda y me ingresaron al hospital por el área de emergencias. Los médicos le indicaron a mi esposa que tenía un accidente cerebrovascular isquémico severo. No hablaba y tampoco podía mover el brazo y la mano derecha. Los médicos advirtieron que tendría grandes secuelas.

Después de siete días, fui dado de alta. Ya hablaba algunas palabras, pero 20 días después, tuve otra crisis en mis brazos por lo que me ingresaron nuevamente al hospital. Los médicos dijeron que tuve una convulsión como resultado del derrame cerebral que había sufrido. Estuve cinco días en la UCI (Unidad de Cuidados Intensivos), durante todo ese tiempo, mis hijos y mi esposa nunca dejaron de orar y participaban de las cadenas y propósitos de los días martes en favor de mi salud. Cuando fui dado de alta, continué con la búsqueda de mi cura. La cual no fue inmediata, pero estoy seguro de que Dios iluminó todos los tratamientos, incluso cuando los médicos no me daban expectativas de cura. Testifico mi transformación para que otras personas se den cuenta de que Dios es muy grande y que lo que me hizo lo quiere hacer con todos ”, concluye.
•• Sr. Waldir Dias, junto a su esposa