«Después de tener una buena economía, perdimos todo, mi esposo y yo nos quedamos sin trabajo y ya no podíamos pagar ni los gastos para la comida. Por la preocupación comenzamos a tener discusiones fuertes, incluso enfermamos de gastritis. Creo que todo fue por la envidia que nos tenían, pues una vez encontré huevos en mi auto y aceite negro en la puerta de mi casa; aunque visitamos brujos, no nos ayudaron.
Teníamos las puertas cerradas para el trabajo, ni con recomendaciones nos contrataban; pero lo peor llegó cuando íbamos a perder la última casa que nos quedaba, nos dijeron que teníamos tres días para desalojar, ya no se podía hacer nada. Llevaba poco tiempo asistiendo a la Universal, así que, aunque la situación parecía imposible de solucionar, llevé los papeles ante Dios y le prometí seguirlo toda mi vida si salvaba mi casa.
A los tres días fui al juzgado y mi abogada me dijo: “no sé qué hiciste, pero salvaste tu casa, te van a dar las escrituras”. Eso ocurrió hace 21 años y no he salido de la Universal, aquí, a través de la Palabra conocemos las promesas de Dios y con los propósitos usamos nuestra fe, así las bendiciones llegan. Sin duda, el Señor es el mejor maestro que haya tenido.» – Paula Monterrubio
