Mes: febrero 2014

El Espíritu Santo es eso. Un tesoro en vaso de barro (que es nuestro cuerpo). Cuando Lo recibimos, no dependemos más de nuestras propias fuerzas. ¿Para qué intentar pelear con la fuerza de nuestro brazo? ¿Para qué hacer justicia con las propias manos, si la excelencia del poder es de Dios?