El principio de los diezmos y de las ofrendas se basa en reconocer que todo lo que tenemos viene de Dios y pertenece a Él. También se fundamenta en la gratitud, porque, por más inteligente que una persona sea, sola, no podría conquistar salud, alimento, oxígeno, paz, familia,etc.
Por lo tanto, poder ofrecer algo al Todopoderoso y a su obra, expresa nuestra fe en Él. Eso debe ser motivo de alegría, no algo obligatorio, incómodo, de mala voluntad o motivo para negociar. Quien conoce a Dios de verdad no hace cuentas de lo que ella le da, pero lo hace con una actitud agradable, espontánea y generosa.
¿Qué pensaría usted, si una esposa le contara a su esposo cuántas comidas le hizo, cuántas camisas le lavó o cuántas veces lo recibió con un abrazo? ¿Y si una madre le dijera a su hijo cuántas noches no durmió bien para cuidarlo o de cada centavo que gastó con su crianza?
El perfecto amor no mide el sacrificio que hace a la persona amada. Simplemente ama dadivosamente.
No se trata de discutir si esa es una cuestión vigente solamente al período de la ley.
Amor, fe y gratitud hacen parte de todas las épocas, pero con especial consideración en la concesión de la gracia, firmada en la muerte de Alguien que fue capaz de dar todo de Sí para la humanidad:
El Señor Jesús.
“…NO ME ALCANZABA PARA COMER.”
Mi vida financiera era una situación humillante, a pesar de trabajar arduamente, no lograba pagar todas mis cuentas y no me alcanzaba para comer.
Hasta que conocí la Iglesia Universal, donde perseverando en la fe, siendo el en las primicias y votos a Dios, pude abrir mi negocio, en el que realizamos todo el mantenimiento de jardinería, mi cartera de clientes no para de crecer y logré conquistar una camioneta. Ahora sé que cuando uno tiene sueños, todos son posibles, si Dios está en primer lugar.
•• Sr. Andrew Día
