«Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, para que seamos llamados hijos de Dios; por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoció a él. Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es”. 1 Juan 3: 1-2
Sólo los Hijos de Dios tendrán el privilegio y la honra de estar con el Padre, y podrán tomar posesión de todo lo que fue prometido.
¿De qué depende el convertirse en Hijo de Dios?
Sólo depende de una persona, de nosotros mismos; cuando tomamos la decisión de morir para el mundo y nacer para Dios estamos convirtiéndonos en Su hijo.
“Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro. Todo aquel que comete pecado, infringe también la ley; pues el pecado es infracción de la ley. Y sabéis que él apareció para quitar nuestros pecados, y no hay pecado en él. Todo aquel que permanece en él, no peca; todo aquel que peca, no le ha visto, ni le ha conocido. Hijitos, nadie os engañe; el que hace justicia es justo, como él es justo. El que practica el pecado es del diablo; porque el diablo peca desde el principio. Para esto apareció el Hijo de Dios, para deshacer las obras del diablo”. 1 Juan 3: 3-8
Practicar el pecado es vivir en el pecado, o sea, hacer lo malo todos los días; todo ser humano en este mundo peca, pero practicarlo significa que la persona vive haciendo día a día aquello que sabe que es malo.
Muchas personas dicen ser hijos de Dios, pero dentro de sí tienen odio, resentimiento, envidia, etc.
La conciencia indica lo que está bien y lo que está mal y cada uno lo sabe.
“Todo aquel que es nacido de Dios, no practica el pecado, porque la simiente de Dios permanece en él; y no puede pecar, porque es nacido de Dios. En esto se manifiestan los hijos de Dios, y los hijos del diablo: todo aquel que no hace justicia, y que no ama a su hermano, no es de Dios”. 1 Juan 3: 9-10
La simiente de Dios es el Espíritu Santo y la fe que hay en cada persona nacida de Él.
La prueba de que una persona es nacida de Dios o no, es el amor que tiene por su hermano, o sea, su prójimo, quien es de Dios AMA AL PRÓJIMO.
Solo deseaba morir, no había una solución para mí.
Antes de llegar a la Iglesia Universal mi vida estaba completamente destruída, me encontraba en la miseria, mi madre enferma de tuberculosis y mi padre hundido en el alcohol, no teníamos para comer ya que él gastaba todo lo que ganaba en el vicio.
Tanta era la miseria, que sólo comíamos 2 veces al día, si se preparaba el almuerzo, se guardaba un poco para la merienda y lo mismo sucedía con el desayuno, si se lo preparaba se guardaba para el almuerzo. Un día le robaron a mi padre y le fracturaron el brazo, así él ya no podía trabajar.
Viendo que mis hermanos pasaban hambre, decidimos invertir el poquito dinero que teníamos en choclos para cocinarlos y venderlos, y así conseguir algo más de dinero, pero no vendimos nada.
Tenía 15 años y la situación que vivía me llevó a desear la muerte, no creía que podía tener una vida mejor. Tiempo después por causa de la tuberculosis mi madre murió.
Cuando llegué a la Iglesia, y escuché la prédica, nació en mí el deseo de hacer una prueba con Dios, ya que mi situación era muy mala y el hombre de Dios decía que si hacían lo que me estaba enseñando sobre la Palabra de Dios, mi vida cambiaría.
Y fue así que participando de las reuniones, luchando y obedeciendo a Dios, hoy puedo decir que en verdad tengo una vida transformada, mi padre dejó los vicios, mi situación económica cambió, ahora tengo mi propio negocio.
•• Sra. Carmen
