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El siervo de Dios tiene dos cuidados especiales: El primero: referido a la salvación de su alma; El segundo: referido a la salvación de su semejante.En relación a la salvación de su alma, la cuida como si fuera la niña de sus ojos. Es su tesoro infinito y eterno recibido del Espíritu de Dios.

Todos tenemos dos realidades, la nuestra y la de Dios. La nuestra es aquella que estamos viendo, viviendo, cercada por nuestros familiares, amigos y conocidos. Donde los problemas son reales, las luchas constantes, las situaciones imposibles están por todos lados.

A los 6 años de edad fui abusado sexualmente por una persona de mi propia familia. A causa de ese sufrimiento, en mi adolescencia comencé a relacionarme con hombres y a buscar a los espíritus. Durante dos años me preparé especialmente para recibir a una entidad maligna.

El sufrimiento en mi vida comenzó en mi infancia. Desde los 10 años de edad sufría de insomnio y tenía delirio de persecución; era una persona bipolar. Además de eso, a esa edad, comencé a robar – primero en mi casa, después afuera. Eso se transformó en un vicio para mí.

El domingo pasado el pastor Walber dio un consejo a los solteros y a los casados, le enseñó a todos que la pasión es un sentimiento destructivo, que lleva a la persona a un total desequilibrio, la pasión es egoísta, y el egoismo demanda atención, pero, el amor, da atención sin que nadie se lo pida.

Porque Yo, el SEÑOR, no cambio; por esto, hijos de Jacob, no habéis sido consumidos. Desde los días de vuestros padres os habéis apartado de Mis leyes, y no las guardasteis.Volveos a Mí, y Yo Me volveré a vosotros, ha dicho el SEÑOR de los Ejércitos. Mas dijisteis: ¿En qué hemos de volvernos?

A los 14 años de edad empecé a trabajar en la empresa en la que mi padre trabajaba y, desde entonces, comencé a conocer otro mundo, enseguida surgió un deseo diferente dentro de mí, un deseo hacia personas del mismo sexo.

Según todo lo indica, la sexta copa de la ira de Dios ya comenzó a ser derramada.
La batalla final entre el Bien y el Mal ya está en marcha.
La pelea final que un día va a suceder en el Armagedón, ya está sucediendo individualmente.