El descenso del Espíritu Santo no tiene como objetivo llenar de orgullo al bautizado. Por lo contrario, cuando el Espíritu…
Browsing: Artículos
Llegué a la Iglesia Universal a los 15 años de edad, sin embargo, ya cargaba un equipaje de sufrimiento muy grande. Tuve una excelente estructura familiar, con padres maravillosos, pero las dificultades económicas y las enfermedades siempre formaron parte de mi infancia.
Nací en un hogar destruido, lleno de engaños, orgullo y vanidad. Desde los primeros años de vida, comenzó lo que sería para mí una verdadera pesadilla. Todavía era pequeño, cuando comencé a tener problemas con audición de voces.
Hace casi treinta años tuve un problema serio en la vista, pensé que me iba a quedar ciego, estaba muy complicada mi visión. En esa época estaba en Bahía y tenía que ir a Rio de Janeiro casi todas las semanas, porque allí estaba el mejor tratamiento.
El domingo 8 de Diciembre se llevó a cabo en la Sede de la Iglesia Universal una de las reuniones más importantes de fe, miles de personas se dan cita cada semana para ser partícipes de grandes milagros.
Muchos cristianos, inocentemente, adhieren a prácticas religiosas sin al menos escuchar que, en realidad, repiten algunos de los mismos actos ‘rituales’ de culturas paganas pasadas.
Ya en la tierra de Canaán, habiendo poseído la leche y la miel, Josué llamó al pueblo de Israel y dejó en claro que Dios había luchado por ellos. Aunque todavía faltaran algunos enemigos a ser derrotados, él dijo también que esos enemigos serían vencidos tal como los otros lo fueron.
Conocí a un muchacho que en su adolescencia contrajo el virus VIH. Después de un tiempo, al llegar a la iglesia y al hacer uso de la fe (que es la certeza), quedó completamente curado. Se convirtió en miembro, obrero y después pastor. Conoció a una joven obrera, se casaron y de esa relación nació una niña.
Antes de conocer a Dios en la Universal mi vida estaba destruida. A los 12 años comencé a descubrir en mí cosas que no eran normales para un niño. Era triste, lloraba mucho y sin motivo. En la escuela siempre sonreía, pero cuando estaba solo, las lágrimas corrían por mi rostro.
Hasta los 7 años fui una niña normal, sin embargo, a partir de entonces quise ser diferente. A los 9 años, teñí mi cabello de rubio (en esa época eso no era común, yo era una de las pocas niñas así).